domingo, 6 de septiembre de 2026

RESEÑA: Loayza Herrera, Daniel Iván (2026). Mariátegui. Socialismo, Utopía y Revolución. Lima: GITISAC, 140 págs.

 


Augusto Lostaunau Moscol, Lic. en Historia por la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV), Mag. en Administración por la Universidad Autónoma de Ica (UAI), docente en la UNMSM.

Este 2026 se cumple el Centenario de la revista AMAUTA, el gran proyecto intelectual, académico, artístico y político ideado, elaborado y dirigido por José Carlos Mariátegui y que permitió a un gran número de intelectuales y artistas peruanos –y de otros rincones del mundo- la posibilidad de publicar sus artículos, investigaciones, ensayos y avances bibliográficos llegando a un número indeterminado de lectores. Porque AMAUTA es la primera revista peruana que se leyó de manera orgánica y consciente fuera del país y del continente. Sostenía José María Arguedas que, con AMAUTA, muchos artistas, escritores e investigadores sociales de las diversas regiones del Perú, fueron conocidos y sus aportes tomados en cuenta a nivel mundial. Jorge Basadre, Luis E. Valcárcel, José Sabogal, etc. son una muestra de ese gran aporte. En ese marco celebratorio es que el historiador peruano Daniel Iván Loayza Herrera ha publicado su libro Mariátegui. Socialismo, Utopía y Revolución (Lima-Perú. 2026).

El libro está conformado por cuatro ensayos que, a pesar de guardar entre sí un importante hilo conductor, cada uno se puede leer de manera individual y sin respetar el orden establecido por el autor. Nos hace recordar la presentación de Buscando un Inca de Alberto Flores-Galindo. Pese a ello, la lectura la hemos realizado como lo indica el índice: Utopía andina y mito revolucionario: de Sorel y Valcárcel a Mariátegui; Mariátegui y Gramsci: cultura, hegemonía y revolución en la periferia; Mariátegui y Sabogal: indigenismo visual, revolucionaria y hegemonía en Amauta; y, Amauta como escenario de una divergencia temprana: Haya y Mariátegui en 1926-1927. Como se dijo, cada ensayo se puede leer por separado e –incluso- en cada uno de ellos se puede fragmentar la lectura a las necesidades del propio lector; pero, finalmente, todos están unidos por la necesidad de entender y comprender la obra política de Mariátegui, quien, pese a asumir una posición marxista-leninista, jamás se detuvo en algún “ismo” y su trabajo consistió en crear –de manera “heroica”– una interpretación del Perú desde el materialismo histórico y dialéctico. Porque, como señala el historiador peruano Luis Alberto Rivera Herrera: “La neutralidad es un espejismo. No existe historia sin ideología, lo que existe es historia honesta o historia complaciente. El compromiso del historiador es, entonces, no con el poder, sino con la verdad de los pueblos, con su memoria y con su futuro” (2026ª:3).

Porque el propio José Carlos Mariátegui, en la advertencia inicial de sus 7 Ensayos… indicó que “Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones. Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano” (1977:12). Mejor dicho: “La neutralidad es un espejismo”.

En el primer ensayo (Utopía andina y mito revolucionario: de Sorel y Valcárcel a Mariátegui), Loayza Herrera plantea la necesidad de diferenciar el mito y la utopía. Sostiene que “El mito, en sentido político moderno, no remite a narraciones arcaicas ni a ficciones irracionales” (2026:13); mientras que “La utopía, por su parte, puede entenderse como proyección imaginaria de un orden alternativo que desborda el presente” (2026:13). De esta manera “La utopía puede adoptar forma literaria o teórica; el mito funciona como condensación simbólica que activa energías históricas” (2026:14). Esto lo comprendió Mariátegui en sus lecturas de Sorel y Valcárcel. Cada uno de ellos aportó en su concepción marxista-leninista. Esto significó que Mariátegui entienda que “El socialismo no podía presentarse simplemente como resultado del desarrollo industrial, pues la estructura económica estaba marcada por un predominio agrario y la centralidad del mundo indígena” (2026:14). Porque, como todo marxista-leninista, José Carlos Mariátegui siempre encaminó su obra hacia la revolución. Muchos han tratado de tildar a Mariátegui de “soreliano” e –incluso– de antimarxista, pero olvidan que, para inicios del siglo XX, el marxismo se encontraba en pleno debate sobre su rol como ciencia universal o método interpretativo. En un artículo, Daniel Iván Loayza Herrera anotó:

Mariátegui, aunque heterodoxo, sí tomó posición en este debate. Rechazó el positivismo como ideología del liberalismo oligárquico y defendió el marxismo como método científico no positivista. Para él, el marxismo no era determinismo mecánico ni evolución naturalista, pero tampoco una simple sensibilidad crítica. Era una teoría estructural de la sociedad basada en la lucha de clases y el análisis de las relaciones de producción. Su célebre afirmación de que el socialismo peruano no sería “calco ni copia, sino creación heroica” no implicaba relativizar el marxismo, sino aplicarlo rigurosamente a una realidad distinta (2026b:3).

El marxismo no es una receta que se puede aplicar indistintamente en cualquier sociedad sin tener en cuenta sus características particulares en un momento determinado de su desarrollo histórico. Loayza Herrera acierta cuando reconoce en Mariátegui un marxista creador y flexible, pero que se mantiene firme en sus posiciones sin caer en la repetición y la cita efímera. Por ello:

El marxismo no formula leyes universales al modo de la física. Opera dialécticamente, atendiendo a procesos históricos concretos. En este punto, Mariátegui se distancia tanto del positivismo como de ciertos marxismos dogmáticos que pretendían convertir la teoría en un esquema rígido. Además, su lectura está influida por pensadores como Georges Sorel, quien valoraba el papel del mito en la movilización política. Para Mariátegui, el socialismo no es solo un resultado estructural: también es una fe, una voluntad colectiva. La ciencia no excluye la pasión; la ilumina (2026d:3).

El segundo ensayo (Mariátegui y Gramsci: cultura, hegemonía y revolución en la periferia) busca demostrar que “El paralelismo entre José Carlos Mariátegui y Antonio Gramsci no constituye una coincidencia biográfica ni una afinidad temática secundaria: Se trata de una convergencia estructural en la forma de concebir el problema del poder en sociedades complejas y periféricas” (2026:44). Esta afirmación parte del análisis e interpretación que realizaron nuestros dos autores tanto de la obra de Marx como de los hechos mismos de la Revolución Bolchevique. La teoría primigenia que la revolución proletaria se daría en el espacio capitalista más avanzado –con una gran masa de proletarios– fue “superada” en Rusia, una sociedad semifeudal con pocos espacios de capitalismo. Esto permitió determinar la existencia de otros sujetos históricos con la capacidad de lograr la sociedad socialista. Para los ortodoxos, se tenía que cumplir el desarrollo social explicado en El Manifiesto, pero una mirada heterodoxa determinó que se podía realizar un salto dialéctico sin cumplir con la historia lineal. Por ello, sostiene Daniel Loayza Herrera que:

Mariátegui es más que un discípulo; es un continuador creativo. No abandona el núcleo del marxismo —la centralidad de la estructura económica, la lucha de clases, la necesidad de organización—, pero rechaza su reducción a sistema cerrado. Integra elementos culturales, indígenas y míticos sin renunciar a la pretensión científica del análisis. La teoría no es un fin en sí misma; es instrumento crítico (2026c:2).

Esta forma de percibir el marxismo hace que la obra de José Carlos Mariátegui goce de mucha creatividad revolucionaria. Es decir, no fue un creativo que escribía para satisfacer los egos personales o de sus amigos y colaboradores. Lo que buscó, al momento de crear, es poner esas interpretaciones a la causa de la revolución socialista. Por ello, los escritos de Mariátegui influenciaron en las nuevas generaciones de científicos sociales que estaban en proceso de formación académica e intelectual en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A manera de ejemplo tomaremos las reflexiones del historiador peruano Marco Antonio Flores Calderón cuando indica que:

El caudillismo, siguiendo a Basadre (1927), hace prevalecer sus intereses y los de un pequeño grupo social, por ello es carente de figuras políticas a largo plazo. El sentido democrático del caudillismo, limita la posibilidad de ascenso político y social, prevaleciendo la mentalidad colonial de marginación a los estratos inferiores y a las clases populares. Esta situación es el lado funesto del caudillismo (…) El análisis de Basadre para el caudillismo de mediados del siglo XIX, promueve una lectura de la política contemporánea y el papel de sus representantes (2026:3).

Mariátegui y Sabogal: indigenismo visual, revolucionaria y hegemonía en Amauta, es el título del tercer ensayo. En él, Daniel Loayza Herrera sostiene que: “La elección sistemática de la obra de Sabogal –y, con ella, de una estética indigenista moderna– indica que el proyecto de Amauta no era restauracionista ni arqueológico. No se trataba de volver al pasado ni de reinstalar formas premodernas como emblema de autenticidad. Se trataba de otra cosa: de inscribir lo andino en la modernidad” (2026:77). La presencia de la obra de José Sabogal le permite a Mariátegui presentar una revista Amauta (y un proyecto socialista) para una sociedad peruana propia del siglo XX. Mariátegui no utilizó ningún tipo de discurso chauvinista para atraer a la causa revolucionaria, a quienes soñaban con un pasado imaginado. Aquí la contradicción se produce cuando, en su obra escrita, Mariátegui sostiene (como todos los intelectuales de su época) que el Tawantinsuyu fue un “Imperio Socialista” o una “Sociedad Comunista”. Pero, el proyecto socialista del siglo XX, debe –necesariamente– prescindir de esa imagen del pasado e intentar construir una imagen del futuro. La Utopía Andina no es la vuelta al pasado prehispánico; sino la construcción de una sociedad post capitalista con fuertes raíces en lo propio y originario, sin dejar de ser universal. Por ello “La presencia de Sabogal en Amauta no debe entenderse, por tanto, como simple afinidad personal o coincidencia circunstancial. Funciona como prueba visual que el proyecto mariateguiano no era antimoderno” (2026:80). Porque:

José Carlos Mariátegui comprendió que el marxismo y el psicoanálisis podían dialogar y producir resultados esclarecedores para los revolucionarios de su tiempo. Lo que es la ideología para la sociedad es el inconsciente para el individuo. Ambos impiden que la realidad se aprecie de manera diáfana, clara y precisa. El primero oculta los mecanismos de explotación; el segundo, las fuerzas irracionales que nos gobiernan. Frente a ello, el marxismo aporta una visión científica que permite develar los mecanismos más profundos de la explotación histórica del trabajo, mientras que el psicoanálisis permite apreciar el papel de lo irracional en la conducta humana (2026ª:2).

Mariátegui jamás tuvo miedo en aceptar que el pensamiento marxista es –y debe seguir siendo– un pensamiento en construcción dialéctica. Y, este pensamiento en constante construcción debe tener como base el clasismo de la clase obrera, pero puede nutrirse de ideas creadas por los sectores intelectuales de la pequeña burguesía al servicio del capital.

Y, el cuarto ensayo es Amauta como escenario de una divergencia temprana: Haya y Mariátegui en 1926-1927, donde Daniel Loayza plantea que: “La divergencia entre Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui fue, ante todo, una disputa por el sujeto histórico de la revolución latinoamericana. Esto es un tema de clase: ¿qué clase la va a conducir y bajo qué proyecto, el socialista o el nacionalista-antimperialista?” (2026:106). Es en las páginas de Amauta donde podemos encontrar esa polémica que marcará la historia política del Perú durante los últimos cien años. Rivera Herrera sostiene que:

El historiador de ser histórico no es neutral. Reconoce que escribe desde una posición de clase y que su trabajo tiene consecuencias. No concibe la historia como un relato de grandes nombres, sino como el análisis de procesos colectivos, protagonizados por pueblos, trabajadores, comunidades que luchan y se transforman en sujetos de su propio destino (…) Este historiador no se conforma con narrar lo aparente. Busca causas profundas, conexiones, estructuras. Y, sobre todo, escribe para contribuir a formar una conciencia social crítica, capaz de ir del reconocimiento de la situación (“conciencia en sí”) a la decisión de transformarla (“conciencia para sí”) (2026b:2).

La lectura de Mariátegui. Socialismo, utopía y revolución, nos permite ir reconociendo los aportes que José Carlos Mariátegui realizó en su estudio comprometido de nuestra realidad. Es un gran acierto del historiador peruano Daniel Iván Loayza Herrera haberlo publicado en el año del Centenario de la revista AMAUTA.

Referencia principal:

Loayza Herrera, Daniel Iván (2026). Mariátegui. Socialismo, Utopía y Revolución. GITISAC. Lima.

Referencias Secundarias:

Flores Calderón, Marco Antonio (2026). Caudillaje y Acción Directa: Basadre y una explicación de la política peruana a mediados del siglo XIX. En: QUISPE 43. Lima.

Loayza Herrera, Daniel Iván (2026ª). Mariátegui: Mito, Utopía y Revolución. En: QUISPE 59. Lima.

Loayza Herrera, Daniel Iván (2026b). Haya y Mariátegui: La divergencia epistemológica del marxismo en el Perú. En: QUISPE 51. Lima.

Loayza Herrera, Daniel Iván (2026c). Lenin y Mariátegui frente a la Segunda Internacional. En: QUISPE 49.

Loayza Herrera, Daniel Iván (2026d). Mariátegui contra el positivismo: ¿cómo puede el marxismo ser ciencia sin ser “cientificismo”? En: QUISPE 47. Lima.

Lostaunau Moscol, Augusto (2026). Comentario Personal a Mariátegui, Socialismo, Utopía y Revolución de Daniel Iván Loayza Herrera. En: Diario UNO. Lima, domingo 19 de abril de 2026.

Mariátegui, José Carlos (1977). 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana [1928]. Biblioteca Amauta. Lima.

Rivera Herrera, Luis Alberto (2026ª). El Historiador de Ser Histórico y la formación de una Conciencia Social crítica (Segunda parte). En: QUISPE 42. Lima.

Rivera Herrera, Luis Alberto (2026b). El Historiador de Ser Histórico y la formación de una Conciencia Social crítica (Primera parte). En: QUISPE 41. Lima.

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Gobernar desde menos del 25 % El reto de la fragmentación electoral después de las Elecciones Generales 2026 [1]

Governing from an Electoral Base Below 25%.

The Challenge of Electoral Fragmentation after Peru’s 2026 General Elections

Eduardo Jesus Chocano Ravina[2]

 

Resumen

Las Elecciones Generales 2026 evidencian un escenario de elevada fragmentación electoral en el sistema político peruano. A partir del análisis de los resultados definitivos correspondientes a la primera elección presidencial, el Senado, la Cámara de Diputados y el Parlamento Andino, el presente ensayo examina las consecuencias políticas de que las organizaciones políticas con mayor votación partan de porcentajes reducidos de respaldo electoral. Se sostiene que esta situación no afecta la validez formal de las elecciones, pero configura bases iniciales de representación particularmente estrechas y plantea mayores exigencias para la construcción de legitimidad durante el ejercicio del poder. En ese contexto, el escenario surgido de las Elecciones Generales 2026 exige mayores capacidades de negociación, articulación política y construcción de consensos para garantizar condiciones adecuadas de gobernabilidad.

Palabras clave: fragmentación electoral, legitimidad de origen, gobernabilidad, representación política, Elecciones Generales 2026.

 

Abstract

The 2026 General Elections reveal a highly fragmented electoral landscape within the Peruvian political system. Based on an analysis of the definitive results of the first presidential election, the Senate, the Chamber of Deputies, and the Andean Parliament, this essay examines the political consequences of the relatively low levels of electoral support obtained by the leading political organizations. It argues that this situation does not undermine the formal validity of the elections, but it does create particularly narrow initial bases of representation and poses greater challenges for building legitimacy while exercising power. In this context, the political scenario resulting from the 2026 General Elections requires greater capacities for negotiation, political coordination, and consensus-building to sustain governability.

Keywords: electoral fragmentation, legitimacy of origin, governability, political representation, 2026 General Elections.

 

1. Introducción

Las Elecciones Generales 2026 ponen en evidencia una transformación relevante en el comportamiento del sistema político peruano. La fragmentación del voto se ha convertido en una característica estructural del proceso electoral. Los resultados analizados muestran que ninguna organización política logra concentrar un respaldo significativo, lo que configura un escenario en el que la competencia por el poder parte de niveles reducidos de apoyo electoral.

Este contexto plantea un problema central para la democracia representativa. La elección permite conformar autoridades conforme a las reglas del sistema, pero no asegura la existencia de mayorías políticas claras. En consecuencia, el ejercicio del poder puede iniciarse desde bases de respaldo electoral estrechas, lo que incrementa la necesidad de construir consensos y articular acuerdos que permitan sostener la gobernabilidad y la estabilidad institucional.

En este contexto, el presente ensayo analiza la dispersión del voto en las Elecciones Generales 2026 y sus implicancias en la legitimidad de origen y la gobernabilidad. A partir de los resultados electorales definitivos, se examina cómo la fragmentación electoral impacta en la representación política y en las condiciones bajo las cuales las autoridades electas deben ejercer el poder. El objetivo es demostrar que el acceso a las principales posiciones de representación desde bases electorales iniciales inferiores al 25 % constituye un desafío para la articulación política y el funcionamiento del sistema democrático peruano.

2. La dispersión del voto en las Elecciones Generales 2026

Tras las elecciones primarias, el Jurado Nacional de Elecciones precisó que 38 organizaciones políticas superaron el umbral electoral exigido y quedaron expeditas para presentar candidaturas ante los Jurados Electorales Especiales en el marco de las Elecciones Generales 2026. Este dato resulta relevante porque evidencia que, aun después de aplicado el filtro previsto por la normativa electoral, la oferta política se mantuvo ampliamente fragmentada, generando un escenario de competencia con múltiples candidaturas y una alta probabilidad de dispersión del voto ciudadano (Jurado Nacional de Elecciones, 2025).

Esto implicó que un total de 27 325 432 electores habilitados para votar (Jurado Nacional de Elecciones, 2026a) tuvieran que elegir dentro de una oferta electoral particularmente amplia. A simple vista, ello podría presentarse como una manifestación favorable de la democracia representativa, al reflejar pluralismo, competencia electoral y apertura del sistema político.

No obstante, si se adopta una lectura crítica, dicha amplitud también evidencia un problema estructural cuando la multiplicidad de candidaturas impide la concentración del voto. Aunado a ello, en el Perú se observa una tendencia sostenida hacia la fragmentación electoral, reflejada en la caída progresiva del porcentaje de votos obtenidos por las dos organizaciones políticas más votadas. Así, mientras en el año 2000 dichas organizaciones concentraban más del 90 % de los votos en la elección presidencial, en 2021 esa cifra se redujo al 32,3 %, lo que evidencia un escenario cada vez más atomizado y sin liderazgos políticos claramente consolidados (Aragón et al., 2025).

A partir de los resultados definitivos proclamados por el Jurado Nacional de Elecciones, resulta pertinente examinar comparativamente la distribución del voto en distintos niveles de representación. Para tal efecto, se consideran los resultados de la primera elección presidencial, del Senado por distrito electoral único nacional, de la Cámara de Diputados a nivel nacional y del Parlamento Andino, con el propósito de identificar el grado de dispersión existente en el sistema político peruano (Jurado Nacional de Elecciones, 2026b, 2026c, 2026d, 2026e).

 

Elección

Ámbito

Cómputo

Organización política en primer lugar

Porcentaje de votos válidos

Fórmula presidencial – primera elección

Nacional

100 %

Fuerza Popular

17,192 %

Cámara de Senadores

Distrito Electoral Único Nacional

100 %

Fuerza Popular

15,059 %

Cámara de Diputados

Agregado Nacional

100 %

Fuerza Popular

14,656 %

Parlamento Andino

Nacional

100 %

Fuerza Popular

15,252 %

Fuente: elaboración propia a partir de los resultados definitivos proclamados por el Jurado Nacional de Elecciones mediante las Resoluciones N° 1135-2026-JNE, N° 1411-2026-JNE, N° 1412-2026-JNE y N° 1413-2026-JNE. 

De lo expuesto, se observa que una misma organización política, Fuerza Popular, ocupó el primer lugar en las cuatro elecciones analizadas y, aun así, su porcentaje de votos válidos osciló entre el 14,656 % y el 17,192 %. En la primera elección presidencial alcanzó el 17,192 %, resultado que evidencia la reducida base electoral inicial desde la cual se configuró la competencia por la Presidencia de la República.

Este porcentaje no determina por sí mismo la legitimidad electoral definitiva del gobierno surgido del proceso electoral, pues ninguna fórmula obtuvo más de la mitad de los votos válidos en la primera elección y, conforme al sistema constitucional peruano, correspondió realizar una segunda elección presidencial. En conjunto, estos resultados evidencian un escenario de elevada fragmentación electoral y muestran que incluso la organización con mayor votación partió de una base de respaldo inferior a la quinta parte de los votos válidos.

 

3. Importancia de la legitimidad de origen

Ernesto Álvarez Miranda señaló que la democracia permite la participación ciudadana en la formación de decisiones públicas y otorga legitimidad de origen a quien asume el gobierno, lo que concede un margen político inicial para adoptar decisiones relevantes, negociar con fuerzas parlamentarias y fortalecer la conducción gubernamental durante los primeros meses de mandato (Álvarez Miranda, 2026).

            Esta legitimidad se vincula con la dimensión formal del poder político, en tanto surge de los procedimientos mediante los cuales una persona accede al cargo, especialmente a través de elecciones democráticas. En ese sentido, se entiende como la legitimidad obtenida en las urnas dentro de un Estado democrático (Moncayo Vives, 2021).

            Por ello, en una democracia representativa, la legitimidad de origen constituye el punto de partida del poder político. Esta permite reconocer como válido el acceso al gobierno. Sin embargo, la amplitud del respaldo electoral inicial puede incidir en las condiciones políticas bajo las cuales una autoridad comienza a ejercer el poder. Cuando dicho respaldo se encuentra altamente fragmentado, la gobernabilidad exige mayores esfuerzos de articulación, negociación y construcción de consensos.

 

4. El escenario posterior a las Elecciones Generales 2026

Los resultados definitivos muestran que, en ninguna de las elecciones examinadas, la organización política ubicada en primer lugar alcanzó siquiera el 20 % de los votos válidos. Esta situación se observa en la primera elección presidencial, en el Senado por distrito electoral único nacional, en el resultado agregado nacional de la Cámara de Diputados y en el Parlamento Andino. En los cuatro ámbitos analizados, Fuerza Popular ocupó el primer lugar con porcentajes que oscilaron entre el 14,656 % y el 17,192 %. Por ello, la fragmentación electoral no se circunscribe a la competencia presidencial, pues alcanza a distintos niveles del sistema representativo.

Este escenario muestra que las organizaciones políticas con mayor votación parten de respaldos electorales iniciales reducidos. Aun cuando una misma organización política ocupó el primer lugar en los cuatro ámbitos analizados, su respaldo electoral se mantuvo dentro de los márgenes propios de una primera minoría en un electorado altamente fragmentado. En consecuencia, los resultados no permiten sostener que una sola organización política concentre un respaldo electoral mayoritario. La legitimidad formal de las autoridades electas proviene del cumplimiento de las reglas constitucionales y electorales, mientras que el ejercicio del poder exige construir acuerdos y ampliar las bases de respaldo obtenidas inicialmente en las urnas.

Este escenario configura una gobernabilidad más exigente. Cuando ninguna de las organizaciones políticas que encabezaron las elecciones analizadas alcanzó siquiera la quinta parte de los votos válidos, la construcción de acuerdos deja de constituir únicamente una alternativa política y se convierte en una necesidad para el funcionamiento institucional. La aprobación de reformas, el desarrollo de agendas legislativas y la prevención de bloqueos dependen, en buena medida, de la capacidad de negociación entre las organizaciones políticas representadas. El poder político surgido de las Elecciones Generales 2026 es electoralmente válido, aunque debe desenvolverse dentro de un sistema profundamente fragmentado.

 

5. Conclusiones

Los resultados analizados permiten concluir que la fragmentación electoral constituye uno de los principales desafíos para el sistema político peruano surgido de las Elecciones Generales 2026. El hecho de que la organización política ubicada en primer lugar en los cuatro ámbitos examinados haya obtenido porcentajes de votos válidos inferiores al 20 % evidencia que las principales posiciones de representación se configuraron a partir de bases electorales iniciales reducidas. Esta circunstancia no cuestiona la validez de los procedimientos electorales ni la legitimidad formal de las autoridades electas, pero sí revela un escenario en el que ninguna organización política puede sostener, a partir de estos resultados, la existencia de un respaldo electoral mayoritario.

En estas condiciones, la gobernabilidad depende en mayor medida de la capacidad de construir acuerdos, articular intereses y generar consensos entre organizaciones políticas con representación. La legitimidad de origen constituye el punto de partida para el ejercicio del poder, pero la estabilidad institucional exige complementar ese respaldo inicial mediante una capacidad efectiva de representación y negociación. Gobernar desde una primera minoría supone, por ello, el desafío de transformar un respaldo electoral reducido en condiciones políticas suficientes para conducir democráticamente el Estado. 

6. Referencias Bibliográficas

Álvarez Miranda, E. (2026, 4 de mayo). La legitimidad de origen. LinkedIn. https://www.linkedin.com/pulse/la-legitimidad-de-origen-ernesto-alvarez-miranda-5nobe/

Aragón, J., Cruz, M., & Alcántara, K. (2025). La democracia en el Perú desde sus indicadores electorales. Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Jurado Nacional de Elecciones. (2025, 17 de diciembre). Resolución N° 0801-2025-JNE.

Jurado Nacional de Elecciones. (2026a). Reporte N° 5: Análisis del padrón electoral para las Elecciones Generales 2026. Observatorio para la Gobernabilidad – INFOgob.

Jurado Nacional de Elecciones. (2026b, 17 de mayo). Resolución N° 1135-2026-JNE.

Jurado Nacional de Elecciones. (2026c, 19 de junio). Resolución N° 1411-2026-JNE.

Jurado Nacional de Elecciones. (2026d, 19 de junio). Resolución N° 1412-2026-JNE.

Jurado Nacional de Elecciones. (2026e, 19 de junio). Resolución N° 1413-2026-JNE.

Moncayo Vives, G. (2021). Legitimidad del ejercicio versus la de origen: análisis del primer año de gestión de las últimas tres alcaldías capitalinas. Estudios de la Gestión, (10), 163–185. Universidad Andina Simón Bolívar Ecuador.

 



[1] Los comentarios emitidos en el presente ensayo constituyen exclusivamente la opinión del autor y no comprometen ni representan la posición de su centro laboral ni de las instituciones a las que se encuentra vinculado.

[2] Bachiller en Derecho por la Universidad de Lima. Maestrante en Gestión Pública y Buen Gobierno por la Universidad de San Martín de Porres. Asistente legal en el área de Derecho Electoral del Estudio Silva y Romero. Asesor y miembro honorario del Grupo de Estudios Constitucionales de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Autor y coautor de artículos sobre derecho constitucional, derecho y nuevas tecnologías y filosofía aplicada. Conferencista en diplomados, cursos y actividades académicas sobre derecho constitucional, realidad nacional y teoría política. Código ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2254-6197. Correo de contacto: ejchocano@gmail.com

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Eduardo Jesus Chocano Ravina, Bachiller en Derecho por la Universidad de Lima.


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