Manuel A. Paz y Miño C.
Asís Vela Flores, Profesor de Educación Secundaria y Doctor en Educación
por la PUCP, es autor también de otros libros relacionados con el que vamos a
reseñar de inmediato: Historia de la medicina tawantinsuyana
(2024), Diccionario quechua-español runa
simi taje (2023), Valores
tawantinsuyanos (2023) y Nueva
gramática de la lengua quechua (2023) lo que demuestra su amplio interés y
conocimiento de la cultura imperante antes de la llegada de los conquistadores
españoles a estas tierras que luego se llamaron Perú.
En el prólogo de Filosofía
tawantinsuyana se hace una cita del Coloquio sobre Cultura y Filosofía Inca
llevado a cabo en Argentina pero no aparece la referencia del año y el número
de página (p. 10).
En el capítulo I de la obra que reseñamos se hace una diferencia entre filosofía
inca, andina, quechua y tawantinsuyana ya que lo inca “se estaría refiriendo a
un tiempo muy pequeño, de más o menos setenta años”, lo andino “se limitaría a
un espacio limitado, a una área física pequeña con referencia al todo”, lo
quechua “estaría limitando aún más el área física” y lo tawantinsuyano “es el
más adecuado porque involucra: tiempo, área física, área cultural, con su
unidad dentro de la diversidad” (pp. 18-19).
Agrega que “la existencia de la escritura alfabética no es indispensable
para razonar…para que un razonamiento sea válido no es necesario que sea
escrito alfabéticamente,” los tawantinsuyanos emplearon “una escritura propia
que sabían leer los especialistas y el pueblo, mediante los kipus, los tokapus,
las figuras gravadas [sic] en piedras, en cerámios [sic], en tejidos…” (p. 19).
Vela usa la palabra quechua jamutajkuna para hablar de los filósofos tawantinsuyanos
(p. 21).
Afirma que sí había posibilidad de discrepancia en el Tawantinsuyo (p. 27).
Pero imaginemos a alguien que cuestionara la divinidad del emperador inca (idea que justifica su poder). ¿Éste estaría obligado a
demostrarle su divinidad o simplemente, como monarca absoluto, mandaría
ejecutarlo por cuestionarla?
Seguidamente afirma que “[l]os conceptos de Dios, alma, eternidad, cambio,
energía, infinito no clasifican a la filosofía tawantinsuyana ni como
idealista, ni como materialista… Ambas [sic] [materialismo e idealismo] estaban
presentes…complementándose mutuamente” (id.). Entonces era una visión del mundo
ecléctica y formalmente idealista pues no se pude decir que alguien sea
materialista solo respecto a la naturaleza y no a lo sobrenatural, más bien en
este caso sería idealista.
Los jamutajkuna serían equivalentes a los filósofos “de cada rama del saber
humano” (p. 29) y prueban su existencia los cronistas tales como Felipe Huamán
Poma, Martín de Morúa o Garcilazo de la Vega. Vela los
equipara con los amautas (maestros en quechua) (pp. 29, 31).
La finalidad de la filosofía tawantinsuyana era “el lograr el allin
kausai: vivir feliz…tratar de encontrar la solución a todos sus
problemas” (p. 36).
Nuestro autor sostiene que los tawantinsuyanos rendían culto o veneraban
“al sol y demás seres que conforman el cosmos” y “[s]olamente adoraban al único
Dios que reconocían como creador y sostenedor de todo lo existente: Wirakocha o
Pachakamaj” (p. 37). Esto recuerda lo que dice la Iglesia católica con respecto
a su Dios trino y sus santos (p. 67) que sus fieles les recen rezan a estos para
pedirles cosas como si tuvieran el don de la ubicuidad y la capacidad de obrar
“milagros” a pesar de estar muertos, es decir, como si fueran semidioses.
Incluye citas (sin indicar el año de la publicación y el número de la
página, pp. 39, 43, 44) de Mejía Huamán, la primera de seis líneas, de Tschudi,
de unas cuatro (sin indicar la fuente, p. 41), y De las Casas (pp. 67-68).
Vela dice que, a diferencia de la occidental, la filosofía tawantinsuyana
“fue el resultado de miles de filósofos” (p. 45), “estaban los muchos
pensadores filosóficos constituidos por el pueblo” (p. 46). Nuestro autor no
hace distinción entre filosofía como cosmovisión, que incluye ideas
tradicionales sobre el universo, lo divino, el ser humano, el más allá, la
moral, etc., es decir, las que cualquier persona pudiera tener y, por lo tanto,
es filósofa en ese sentido, y filosofía como escuela de pensamiento con base en
la argumentación con uno o más pensadores y sus discípulos. Probablemente sí haya
habido escuelas filosóficas en el incanato (claro, con otro nombre)
similarmente a como hubo en Grecia, China o la India pero no tenemos evidencia
o forma de saberlo con seguridad al respecto.
Afirma, sin citar fuente alguna, como casi todo lo que afirma en su libro,
que no existió la esclavitud en el Tawantinsuyo y que en sus asambleas
populares “participaban desde niños de doce años hasta los más ancianos, con
voz y voto” (id.).
Y contra la afirmación de que “occidente [sic] es dueña de la filosofía”, está
la prueba de que los tawantinsuyanos usaron “la racionalidad lógica como todos
los demás pueblos…[p]ara progresar… superar las dificultades, los
desconocimientos y generar ciencia” (p. 46-47). En verdad, si una cultura o, en
este caso, una civilización ha podido desarrollar ciencia probablemente también
haya hecho filosofía además de religión.
El autor añade que la filosofía occidental, gracias a Aristóteles y sus
seguidores, universalizó el esclavismo y cosificó al ser humano (p. 47).
Vela menciona tres problemas filosóficos básicos de la filosofía
tawantinsuyana: Dios (Wiracocha), hombre (Runa) y naturaleza (Pacha) (p. 48).
En el capítulo Il, el autor confunde deísmo con teísmo, según el segundo término,
la divinidad o divinidades intervienen en el mundo después de crearlo a
diferencia del primero donde no lo hacen. Incluye como una forma de teísmo al
panteísmo y erróneamente dice que “[e]l teísmo tawantinsuyano afirma que todo
lo que existe forma parte de Dios” (p. 51). Es decir, en realidad sostiene el pananteísmo:
Dios está en todo pero es superior al mundo, y no el panteísmo: Dios es todo y
todo es Dios.
La interpretación de Vela de la postura tawantinsuyana, coincide mucho con la
agustiniana medieval donde las explicaciones religiosas no son contrarias a las
filosóficas que ayudan a comprenderlas mejor. No había sacrificios humanos pero
sí de animales en el Tawantinsuyo donde se creía que las enfermedades eran
castigos (p. 53), y los malos espíritus causaban daño psicológico y biológico
(pp. 53-54). Ambas ideas también coinciden con el pensamiento medieval común.
Afirma exageradamente que “era un imposible [para los tawantinsuyanos] que
pudiera existir alguna persona que pudiera pensar que Dios no existía”. Además,
confunde el panteísmo, todo es dios, con “muchísimos dioses” (p. 55), esto es,
el politeísmo.
Como los científicos medievales y no pocos actuales, dice que “[c]reer en
Dios no [les] impedía el desarrollo de las ciencias”, es más, “[e]l concepto de
Dios era liberador, positivo, enemigo de la miseria económica y de las
relaciones antihumanas de unos contra otros, de acciones políticas, económicas
y sociales anti vida” (id.). Eso significa que la idea Dios representa todo lo
bueno que podamos imaginar. Tampoco había dioses menores, “eran partes del
único Dios” (p. 56).
Menciona algunas características de Wiracocha: eternidad, principio,
infinito, creación (pp. 73-75), parecidas a las del dios judeocristiano. Aunque
las máximas autoridades incas se declararon hijos del dios Sol, dice que nunca
se “les permitió ser reconocidos como dioses porque decían que alguien que
nace, crece y muere no puede ser un dios”, “su palabra era totalmente humana”
(p. 78). Entonces, ¿cualquier súbdito del pueblo podía hablar con el monarca
inca y mirarle a los ojos sin agacharse o arrodillarse? Difícilmente. De modo evidente, su origen “divino” era para
justificar su poder político como sucedió en el resto del mundo con gobernantes
autoproclamados hijos de los dioses.
Más adelante, en el capítulo III, dice que el hombre (runa) es un ser
pensante (pp. 82-83), menciona al alma humana (nuna o jujkaninchis) como
inmortal (p. 84), parecida a la concepción occidental pero no considerando al
hombre (runa) como imagen de Dios, pero que tiene derechos y dignidad (p. 85),
ideas semejantes a las de Occidente.
Se habla de unos 90 conceptos más y de diferente índole, como el de pregunta
(tapui) (p. 86), la vida (kausai) (p. 86-87), el yo (ñoja) (p. 87), la
finalidad del vivir que sería trabajar para satisfacer sus necesidades y así
vivir bien, feliz (pp. 88-91), el destino (sami) (p. 91), los fines (tukukuina)
(p. 91-92), el buen vivir (allin kausai) (p. 92-93), la persona (runa) (p. 94),
la identidad (kikillankai) (p. 94), alma y cuerpo (nuna ukhutaj) (p. 95), el alma
(nuna) (p. 95-97), el cuerpo humano (ukhutaj) (p. 97), la razón (yuyai) (p.
97), el fundamento (ch’auchu) (p. 98), la sabiduría (yachakai) (p. 98-99), el
conocimiento (rejsi) (p. 99), la ciencia (jatunyachai) (p. 100), la memoria
(yuyai) (p. 100-101), la pasión (ñak’arii) (p. 101), la voluntad (munai) (p.
102), la felicidad (kuikai) (p. 102-104), la alegría (kusi) (p. 104), el placer
(jochukui) (p. 104), la angustia (p’itijyai) (íd.), el dolor (nanai) (p. 105),
la violencia (atipakui) (p. 105), el perdón (panpachai) (p. 106), el castigo
(mirara) (íd.), el sufrimiento (muchui) (p. 107), el bien común (allin llapaj)
(íd.), los bienes (tapuininkuna) (p. 107-108), la amistad (rumanakukai) (p.
108), el amor (waillusja), que debe empezar por uno mismo, (pp. 108-109), el
bien y el mal (allin manaallintaj), donde el primero se identifica con lo bueno
y bello (como en Platón), y el segundo es la carencia del primero (p. 109-114),
el mal (mana allin) (p. 114), el lenguaje (rimai) (p. 115), el habla (rima)
(pp. 115-116), lo individual y lo social reconciliados (con cita entrecomillada
sin referencia) (p. 116), la asociación (t’anta) personal o de hechos (p. 117),
la igualdad (p’ajkai) (íd.) del hombre y la mujer para ejercer todas las
profesiones, como el caso de la medicina (p. 118), la fraternidad (waijeikai) ya
que al ser creados por un mismo padre todos son hermanos (otra reminiscencia
con el cristianismo) (p. 118-119), la libertad (jespikai) que puede ser de
voluntad, elección o decisión, con límites (p. 119), la responsabilidad
(manukai) (pp. 119-120), la muerte (wañui) para los humanos, “es el fin de la
parte material, del cuerpo, y es el inicio de otra forma de vida de la parte
espiritual” (algo parecido a lo que dice la religión cristiana), pero
misteriosa (p. 120-123), el culto a los muertos (p. 123-125), la ética (p. 125) con normas tales como prohibido
mentir, ser ocioso, robar, asesinar, ser adúltero (p. 126) (otra semejanza con
lo cristiano), la moralidad (allin apakuikai), “calificación de una acción o
pensamiento” (p. 127), la verdad (cheja) (pp. 127-128), la falta (llullai) (p.
128), la tolerancia (muchukui) “en el campo religioso, en el costumbrista y
social” (p. 129), la perfección (sumajyachii) inalcanzable (p. 129), el error
(panta) (p. 130), la culpa (jucha) (pp. 130-131), la esperanza (suyapakui ) (p.
131), la experiencia (yachai) (p. 132-133), la tradición (jawari) (p. 133-134),
la costumbre (yachakuj), el deber (rurai junt’ana) (p. 135), la sexualidad
(ullu rakat’ojokai) “…algo natural al hombre, parte indispensable y positiva de
su ser. De la vida y de su identidad…” (cita sin referencia) (pp. 135-136), la
vida sexual (ullu rakat’ojo kausai) regida por la religión (procreación por
mandato divino), el Estado (que castigaba el incesto, la sodomía y la
bestialidad) y la comunidad (para orientar especialmente a los jóvenes), se
menciona la cura de la gonorrea (sin embargo, ésta llegó con los europeos) (pp.
136-140), la suerte (sami), un mito (p. 141), la propiedad (kajuikai) colectiva
de los medios de producción y la privada personal, familiar, comunal y estatal
(pp. 141-142), el trabajo (llank’ai) (p. 142-144), el aini (p. 144), “un
trabajo para el otro que exigía retribución”, la minka (p. 145), “trabajo por
invitación…para beneficio de toda la comunidad”, pobreza y riqueza (wajchakai
khapajkaitaj) inexistentes en el Tawantinsuyo por la igualdad general (p. 145),
concepto de riqueza (khapajkai) (pp. 145-148) donde japaj, “El que es rico”,
“significaba señor, supremo, poderoso, autoridad, rico prestigiosamente,
altivo”, concepto de pobreza (wajchakai) (p. 148-150), es decir, los huérfanos
y los viudos, concepto de ahorro (tajei) (pp. 150-151), la existencia (kashai)
(p. 152), la inmortalidad (wiñai kausajkai) (pp. 152-153), la música (taki) para
mejorar el rendimiento físico y psicológico, la conexión con las demás
personas, fortalecer las relaciones sociales, etc. (p. 153-155), presencia del concepto
demonio (supai como neologismo) por influencia cristiana (pp. 155-157), a
diferencia del juzgador o justiciero (supai) (pp. 157-158), la paz (thajkai
(pp. 158-159), la conducta (apakui) (pp. 159-160), la autoridad (apulli) (p.
160), la idea (jamut’a) (íd.), la ley (apusuni) (pp. 160-161), la reciprocidad
(ainikai) “[e]ntre los humanos, el mundo sacralizado y la naturaleza” (pp.
161-162), la esclavitud (yanakai) “considerada antihumana” por los
tawantinsuyanos, existiendo en su lugar “servidores administrativos” o el
yanakonasjo (p. 162), la herencia (sajechiku) que llega con los españoles (p.
163), la creatividad (kamaikai) (íd.), el diagnóstico por adivinación (watui),
basada en la observación y la experiencia (pp. 163-165), y la guerra (aujanaku)
para civilizar (noción semejante a la occidental) (pp. 165-167).
En el capítulo IV, la naturaleza o el cosmos, de acuerdo a los
tawantinsuyanos (pp. 169-186), se habla de: su visión del mundo que, según
Vela, es antropocéntrica (p. 171), concordando así con la visión occidental
medieval, comienza a caracterizar a este humanismo tawantinsuyano a través de
un par de citas sin colocar la fuente, y la segunda no tiene comillas iniciales
(p. 172); el mundo (pacha o kai pacha) (p. 173-174), el cosmos o universo
(t’ejsimuyu), dice el autor, “siempre estuvo en orden”, coincidiendo con el
significado griego de esa palabra, luego aparecen tres citas entrecomilladas,
otra vez sin poner la fuente (p. 175); la naturaleza (pacha) al extinguirse,
dice Vela, también lo hace el ser humano (p. 176), concordando con la filosofía
y ciencia contemporáneas, y agregando unas siete citas, tres sin comillas
finales, nuevamente sin autor (p. 177-178); la relación hombre-naturaleza
(ch’ta runa-pacha) donde la segunda es sagrada y se comunica con el primero,
siendo los tawantinsuyanos, los que entiendieron eso para así vivir en armonía
con ella a diferencia de los invasores (pp. 178-179), espacio-tiempo (pacha) (p. 180), el tiempo
(pacha) “como un antes, un ahora y un después” (pp. 180-181), la materia
(apitakallpa) “era captada como una forma en que la energía se manifiesta
visiblemente, formando una masa energética. Lo opuesto a materia era espíritu o
alma, energía [¿?] pura con las características de su creador” (p. 181), el
cambio (t’ilsai) (pp. 181-182), el concepto de finitud (tukuikuikai) (p. 182),
racional-irracional (yuyainiyoj), solo el hombre es lo primero, y los animales,
lo segundo, coincidiendo otra vez con la filosofía occidental (íd.), la nada
(mana ima) (p. 183), el movimiento (kuyuchii) (íd.), el cuerpo (ukhu) (p.
183-184), diferencia (joj jiña) (p. 184), el agua (unu) (íd.) a quien se
veneraba “no por ser un dios sino por ser parte de Dios” (pp. 184-186).
Luego vienen las conclusiones del capítulo I al IV a modo de resúmenes (pp.
187-201), un vocabulario filosófico utilizado, según Vela, por los jamutajkuna
para la reflexión filosófica (pp. 203-210) y la bibliografía (pp. 211-213) que
casi no menciona en absoluto a lo largo de la obra, dejando de respaldar así lo
afirmado en este libro de divulgación de la filosofía tawantinsuyana.
A lo largo de esta obra de Vela, hemos encontrado diversos errores de
redacción ortográfica salvables con una revisión previa a su impresión. Las
erratas que hemos encontrado son las siguientes: felices; ?. (p. 13); gravadas;
cerámios (p. 19); ofrece (p. 22); al hombre…al mundo (p. 23); ideas , …osea (p.
24); llevandolos (p. 32); lo tuvieron (p. 34): Helénico-Cristiano (p. 37);
Helénica… Griega (p. 40); palabra (p. 41); propia (p. 45); occidente (p. 46); porque
(p. 48); maso (p. 54); osea (p. 55); que caminan, se arrastran o vuelan (p.
56); donde…donde (íd); exclusiva (p. 58); el (p. 61); demonio (íd.); habían (p.
62); madures (p. 138); y Dejsaz (p. 211) en vez de: a ser felices; ?; grabadas;
ceramios; ofrecen; al del hombre…al del mundo; ideas, …o sea; llevándolos; la
tuvieron; helénico-cristiano; Helénica…griega; palabras; propio; Occidente; porqué;
mazo; o sea; que caminen, se arrastren o vuelen; dónde…dónde; exclusivo; él; el
demonio; había; madurez; Depaz.
En resumen, el libro pretende que la filosofía tawantinsuyana era muy avanzada
y original pero lo que hace notoriamente el autor es tratar de forzar tal
visión del mundo a una de tipo occidental al mencionar una serie de conceptos
(en quechua) encajonándolos en una postura medieval cristiano-católica. Y,
lamentablemente carece de rigor al no colocar las respectivas fuentes en lo
mucho que dice sobre el importante tema de la filosofía tawantinsuyana.




