viernes, 13 de febrero de 2026

Vela Flores, Asís O. (2025): "Filosofía tawantinsuyana. Una herencia cultural para la humanidad". Arequipa: José Ortega y Gasset.

 


Manuel A. Paz y Miño C.

Asís Vela Flores, Profesor de Educación Secundaria y Doctor en Educación por la PUCP, es autor también de otros libros relacionados con el que vamos a reseñar de inmediato:  Historia de la medicina tawantinsuyana (2024), Diccionario quechua-español runa simi taje (2023), Valores tawantinsuyanos (2023) y Nueva gramática de la lengua quechua (2023) lo que demuestra su amplio interés y conocimiento de la cultura imperante antes de la llegada de los conquistadores españoles en estas tierras que luego se llamaron Perú.

En el prólogo de Filosofía tawantinsuyana se hace una cita del Coloquio sobre Cultura y Filosofía Inca llevado a cabo en Argentina pero no aparece la referencia del año y el número de página (p. 10).

En el capítulo I de la obra que reseñamos se hace una diferencia entre filosofía inca, andina, quechua y tawantinsuyana ya que lo inca “se estaría refiriendo a un tiempo muy pequeño, de más o menos setenta años”, lo andino “se limitaría a un espacio limitado, a una área física pequeña con referencia al todo”, lo quechua “estaría limitando aún más el área física” y lo tawantinsuyano “es el más adecuado porque involucra: tiempo, área física, área cultural, con su unidad dentro de la diversidad” (pp. 18-19).

Agrega que “la existencia de la escritura alfabética no es indispensable para razonar…para que un razonamiento sea válido no es necesario que sea escrito alfabéticamente,” los tawantinsuyanos emplearon “una escritura propia que sabían leer los especialistas y el pueblo, mediante los kipus, los tokapus, las figuras gravadas [sic] en piedras, en cerámios [sic], en tejidos…” (p. 19).

Vela usa la palabra quechua jamutajkuna para hablar de los filósofos tawantinsuyanos (p. 21).

Afirma que sí había posibilidad de discrepancia en el Tawantinsuyo (p. 27). Pero imaginemos a alguien que cuestionara la divinidad del emperador inca (que a la vez justifica su poder). ¿Éste estaría obligado a demostrarle su divinidad o simplemente, como monarca absoluto, mandaría ejecutarlo por cuestionarla?

Seguidamente afirma que “[l]os conceptos de Dios, alma, eternidad, cambio, energía, infinito no clasifican a la filosofía tawantinsuyana ni como idealista, ni como materialista… Ambas [sic] [materialismo e idealismo] estaban presentes…complementándose mutuamente” (id.). Entonces era una visión del mundo ecléctica y formalmente idealista pues no se pude decir que alguien sea materialista solo respecto a la naturaleza y no a lo sobrenatural, más bien en este caso sería idealista.

Los jamutajkuna sería equivalente a filósofos “de cada rama del saber humano” (p. 29) y prueban su existencia los cronistas tales como Felipe Huamán Poma, Martín de Morúa o Garcilazo de la Vega. Los equipara con los amautas (maestros en quechua) (pp. 29, 31).

La finalidad de la filosofía tawantinsuyana era “el lograr el allin kausai: vivir feliztratar de encontrar la solución a todos sus problemas” (p. 36).

Nuestro autor sostiene que los tawantinsuyanos rendían culto o veneraban “al sol y demás seres que conforman el cosmos” y “[s]olamente adoraban al único Dios que reconocían como creador y sostenedor de todo lo existente: Wirakocha o Pachakamaj” (p. 37). Esto recuerda lo que dice la Iglesia católica con respecto a su Dios trino y sus santos (p. 67) a los que sus fieles les recen para pedirles cosas como si tuvieran el don de la ubicuidad y la capacidad de obrar “milagros” a pesar de estar muertos, es decir, como si fueran semidioses.

Incluye citas (sin indicar el año de la publicación y el número de la página, pp. 39, 43, 44) de Mejía Huamán, la primera de seis líneas, de Tschudi, de unas cuatro (sin indicar la fuente, p. 41), y De las Casas (pp. 67-68).

Vela dice que a diferencia de los occidentales, la filosofía tawantinsuyana “fue el resultado de miles de filósofos” (p. 45), “estaban los muchos pensadores filosóficos constituidos por el pueblo” (p. 46). Al parecer nuestro autor no hace diferencia entre filosofía como cosmovisión, que incluye ideas tradicionales sobre el universo, lo divino, el ser humano, el más allá, la moral, etc., es decir, las que cualquier persona pudiera tener y, por lo tanto, es filósofa en ese sentido, y filosofía como escuela de pensamiento con base en la argumentación con un pensador y sus discípulos. Probablemente haya habido escuelas filosóficas (claro, con otro nombre) similarmente a como hubo en Grecia, China o la India pero no tenemos evidencia o forma de saberlo con seguridad al respecto.

Afirma, sin citar fuente alguna, como casi todo lo que afirma en su libro, que no existió la esclavitud en el Tawantinsuyo y que en sus asambleas populares “participaban desde niños de doce años hasta los más ancianos, con voz y voto” (id.).

Y contra la afirmación de que “occidente [sic] es dueña de la filosofía”, está la prueba de que los tawantinsuyanos usaron “la racionalidad lógica como todos los demás pueblos…[p]ara progresar… superar las dificultades, los desconocimientos y generar ciencia” (p. 46-47). En verdad, si una cultura o, en este caso, una civilización ha podido desarrollar ciencia probablemente también haya hecho filosofía además de religión.

La filosofía occidental, gracias a Aristóteles y sus seguidores, universalizó el esclavismo y cosificó al ser humano (p. 47).

Vela menciona tres problemas filosóficos básicos de la filosofía tawantinsuyana: Dios (Wiracocha), hombre (Runa) y naturaleza (Pacha) (p. 48).

En el capítulo Il, el autor confunde deísmo con teísmo, según el segundo término, la divinidad o divinidades intervienen en el mundo después de crearlo a diferencia del primero donde no lo hacen. Incluye como una forma de teísmo al panteísmo y erróneamente dice que “[e]l teísmo tawantinsuyano afirma que todo lo que existe forma parte de Dios” (p. 51). Es decir, en realidad sostiene el pananteísmo: Dios está en todo pero es superior al mundo, y no el panteísmo: Dios es todo y todo es Dios.  

Su interpretación de la postura tawantinsuyana, coincide mucho con una medievalista donde las explicaciones religiosas no son contrarias a las filosóficas que ayudan a comprenderlas mejor. No había sacrificios humanos pero sí de animales en el Tawantinsuyo donde se creía que las enfermedades eran castigos (p. 53), y los malos espíritus causaban daño psicológico y biológico (pp. 53-54). Ambas ideas también coinciden con el pensamiento medieval común.

Afirma temeraria, exagerada y absolutamente que “era un imposible [para los tawantinsuyanos] que pudiera existir alguna persona que pudiera pensar que Dios no existía”. Además, confunde el panteísmo, todo es dios, con “muchísimos dioses” (p. 55), esto es, el politeísmo.

Como los científicos medievales y no pocos actuales, dice que “[c]reer en Dios no [les] impedía el desarrollo de las ciencias”, es más, “[e]l concepto de Dios era liberador, positivo, enemigo de la miseria económica y de las relaciones antihumanas de unos contra otros, de acciones políticas, económicas y sociales anti vida” (id.). Eso significa que la idea Dios representa todo lo bueno que podamos imaginar. Tampoco había dioses menores, “eran partes del único Dios” (p. 56).

Menciona algunas características de Wiracocha: eternidad, principio, infinito, creación (pp. 73-75), parecidas a las del dios judeocristiano. Aunque las máximas autoridades incas se declararon hijos del dios Sol, nunca se “les permitió ser reconocidos como dioses porque decían que alguien que nace, crece y muere no puede ser un dios”, “su palabra era totalmente humana” (p. 78). Entonces, ¿cualquier súbdito del pueblo podía hablar con el monarca inca y mirarle a los ojos sin agacharse o arrodillarse? Difícilmente. De modo evidente, su origen “divino” era para justificar su poder político como sucedió en el resto del mundo con gobernantes autoproclamados hijos de los dioses.

Más adelante, en el capítulo III, dice que el hombre (runa) es un ser pensante (pp. 82-83), menciona al alma humana (nuna o jujkaninchis) como inmortal (p. 84), parecida a la concepción occidental pero no considerando al hombre (runa) como imagen de Dios, pero que tiene derechos y dignidad (p. 85), ideas semejantes a las occidentales.

Se habla de unos 90 conceptos más y de diferente índole, como el de pregunta (tapui) (p. 86), la vida (kausai) (p. 86-87), el yo (ñoja) (p. 87), la finalidad del vivir que sería trabajar para satisfacer sus necesidades y así vivir bien, feliz (pp. 88-91), el destino (sami) (p. 91), los fines (tukukuina) (p. 91-92), el buen vivir (allin kausai) (p. 92-93), la persona (runa) (p. 94), la identidad (kikillankai) (p. 94), alma y cuerpo (nuna ukhutaj) (p. 95), el alma (nuna) (p. 95-97), el cuerpo humano (ukhutaj) (p. 97), la razón (yuyai) (p. 97), el fundamento (ch’auchu) (p. 98), la sabiduría (yachakai) (p. 98-99), el conocimiento (rejsi) (p. 99), la ciencia (jatunyachai) (p. 100), la memoria (yuyai) (p. 100-101), la pasión (ñak’arii) (p. 101), la voluntad (munai) (p. 102), la felicidad (kuikai) (p. 102-104), la alegría (kusi) (p. 104), el placer (jochukui) (p. 104), la angustia (p’itijyai) (íd.), el dolor (nanai) (p. 105), la violencia (atipakui) (p. 105), el perdón (panpachai) (p. 106), el castigo (mirara) (íd.), el sufrimiento (muchui) (p. 107), el bien común (allin llapaj) (íd.), los bienes (tapuininkuna) (p. 107-108), la amistad (rumanakukai) (p. 108), el amor (waillusja), que debe empezar por uno mismo, (pp. 108-109), el bien y el mal (allin manaallintaj), donde el primero se identifica con lo bueno y bello (como en Platón), y el segundo es la carencia del primero (p. 109-114), el mal (mana allin) (p. 114), el lenguaje (rimai) (p. 115), el habla (rima) (pp. 115-116), lo individual y lo social reconciliados (con cita entrecomillada sin referencia) (p. 116), la asociación (t’anta) personal o de hechos (p. 117), la igualdad (p’ajkai) (íd.) del hombre y la mujer para ejercer todas las profesiones, como el caso de la medicina (p. 118), la fraternidad (waijeikai) ya que al ser creados por un mismo padre todos son hermanos (otra reminiscencia con el cristianismo) (p. 118-119), la libertad (jespikai) que puede ser de voluntad, elección o decisión, con límites (p. 119), la responsabilidad (manukai) (pp. 119-120), la muerte (wañui) para los humanos, “es el fin de la parte material, del cuerpo, y es el inicio de otra forma de vida de la parte espiritual” (algo parecido a lo que dice la religión cristiana), pero misteriosa (p. 120-123), el culto a los muertos (p. 123-125), la ética (p. 125) con normas tales como prohibido mentir, ser ocioso, robar, asesinar, ser adúltero (p. 126) (otra semejanza con lo cristiano), la moralidad (allin apakuikai), “calificación de una acción o pensamiento” (p. 127), la verdad (cheja) (pp. 127-128), la falta (llullai) (p. 128), la tolerancia (muchukui) “en el campo religioso, en el costumbrista y social” (p. 129), la perfección (sumajyachii) inalcanzable (p. 129), el error (panta) (p. 130), la culpa (jucha) (pp. 130-131), la esperanza (suyapakui ) (p. 131), la experiencia (yachai) (p. 132-133), la tradición (jawari) (p. 133-134), la costumbre (yachakuj), el deber (rurai junt’ana) (p. 135), la sexualidad (ullu rakat’ojokai) “…algo natural al hombre, parte indispensable y positiva de su ser. De la vida y de su identidad…” (cita sin referencia) (pp. 135-136), la vida sexual (ullu rakat’ojo kausai) regida por la religión (procreación por mandato divino), el Estado (que castigaba el incesto, la sodomía y la bestialidad) y la comunidad (para orientar especialmente a los jóvenes), se menciona la cura de la gonorrea (sin embargo, ésta llegó con los europeos) (pp. 136-140), la suerte (sami), un mito (p. 141), la propiedad (kajuikai) colectiva de los medios de producción y la privada personal, familiar, comunal y estatal (pp. 141-142), el trabajo (llank’ai) (p. 142-144), el aini (p. 144), “un trabajo para el otro que exigía retribución”, la minka (p. 145), “trabajo por invitación…para beneficio de toda la comunidad”, pobreza y riqueza (wajchakai khapajkaitaj) inexistentes en el Tawantinsuyo por la igualdad general (p. 145), concepto de riqueza (khapajkai) (pp. 145-148) donde japaj, “El que es rico”, “significaba señor, supremo, poderoso, autoridad, rico prestigiosamente, altivo”, concepto de pobreza (wajchakai) (p. 148-150), es decir, los huérfanos y los viudos, concepto de ahorro (tajei) (pp. 150-151), la existencia (kashai) (p. 152), la inmortalidad (wiñai kausajkai) (pp. 152-153), la música (taki) para mejorar el rendimiento físico y psicológico, la conexión con las demás personas, fortalecer las relaciones sociales, etc. (p. 153-155), presencia del concepto demonio (supai, neologismo) por influencia cristiana (pp. 155-157), a diferencia del juzgador o justiciero (supai) (pp. 157-158), la paz (thajkai (pp. 158-159), la conducta (apakui) (pp. 159-160), la autoridad (apulli) (p. 160), la idea (jamut’a) (íd.), la ley (apusuni) (pp. 160-161), la reciprocidad (ainikai) “[e]ntre los humanos, el mundo sacralizado y la naturaleza” (pp. 161-162), la esclavitud (yanakai) “considerada antihumana” por los tawantinsuyanos, existiendo en su lugar “servidores administrativos” o el yanakonasjo (p. 162), la herencia (sajechiku) que llega con los españoles (p. 163), la creatividad (kamaikai) (íd.), el diagnóstico por adivinación (watui), basada en la observación y la experiencia (pp. 163-165), y la guerra (aujanaku) para civilizar (concepto semejante al occidental) (pp. 165-167).

En el capítulo IV, la naturaleza o el cosmos, de acuerdo a los tawantinsuyanos (pp. 169-186), se habla de: su visión del mundo que, según Vela, es antropocéntrica (p. 171), concordando así con la visión occidental medieval, comienza a caracterizar a este humanismo tawantinsuyano a través de un par de citas sin colocar la fuente, y la segunda no tiene comillas iniciales (p. 172); el mundo (pacha o kai pacha) (p. 173-174), el cosmos o universo (t’ejsimuyu), dice el autor, “siempre estuvo en orden”, coincidiendo con el significado griego de esa palabra, luego aparecen tres citas entrecomilladas, otra vez sin poner la fuente (p. 175); la naturaleza (pacha) al extinguirse, dice Vela, se extingue el ser humano (p. 176), concordando con la filosofía y ciencia contemporáneas, y agregando unas siete citas, tres sin comillas finales, nuevamente sin autor (p. 177-178); la relación hombre-naturaleza (ch’ta runa-pacha) donde la segunda es sagrada y se comunica con el primero, siendo los tawantinsuyanos, los que entiendieron eso para así vivir en armonía con ella a diferencia de los invasores (pp. 178-179),  espacio-tiempo (pacha) (p. 180), el tiempo (pacha) “como un antes, un ahora y un después” (pp. 180-181), la materia (apitakallpa) “era captada como una forma en que la energía se manifiesta visiblemente, formando una masa energética. Lo opuesto a materia era espíritu o alma, energía [¿?] pura con las características de su creador” (p. 181), el cambio (t’ilsai) (pp. 181-182), el concepto de finitud (tukuikuikai) (p. 182), racional-irracional (yuyainiyoj), solo el hombre es lo primero, y los animales, lo segundo, coincidiendo otra vez con la filosofía occidental (íd.), la nada (mama ima) (p. 183), el movimiento (kuyuchii) (íd.), el cuerpo (ukhu) (p. 183-184), diferencia (joj jiña) (p. 184), el agua (unu) (íd.) a quien se veneraba “no por ser un dios sino por ser parte de Dios” (pp. 184-186).

Luego vienen las conclusiones del capítulo I al IV a modo de resúmenes (pp. 187-201), y un vocabulario filosófico utilizado, según Vela, por los jamutajkuna para la reflexión filosófica (pp. 203-210) y la bibliografía (pp. 211-213) que casi no menciona en absoluto, dejando de respaldar así lo afirmado en este libro de divulgación de la filosofía tawantinsuyana.

A lo largo del libro de Vela, hemos encontrado diversos errores de redacción ortográfica salvables con una revisión previa a su impresión. Las erratas que hemos encontrado son las siguientes: felices; ?. (p. 13); gravadas; cerámios (p. 19); ofrece (p. 22); al hombre…al mundo (p. 23); ideas , …osea (p. 24); llevandolos (p. 32); lo tuvieron (p. 34): Helénico-Cristiano (p. 37); Helénica… Griega (p. 40); palabra (p. 41); propia (p. 45); occidente (p. 46); porque (p. 48); maso (p. 54); osea (p. 55); que caminan, se arrastran o vuelan (p. 56); donde…donde (íd); exclusiva (p. 58); el (p. 61); demonio (íd.); habían (p. 62); madures (p. 138); y Dejsaz (p. 211) en vez de: a ser felices; ?; grabadas; ceramios; ofrecen; al del hombre…al del mundo; ideas, …o sea; llevándolos; la tuvieron; helénico-cristiano; Helénica…griega; palabras; propio; Occidente; porqué; mazo; o sea; que caminen, se arrastren o vuelen; dónde…dónde; exclusivo; él; el demonio; había; madurez; Depaz.

En resumen, el libro pretende que la filosofía tawantinsuyana era muy avanzada y original pero lo que hace notoriamente el autor es tratar de forzar tal visión del mundo a una de tipo occidental al mencionar una serie de conceptos (en quechua) encajonándolos en una postura medieval y cristiano-católica. Y, lamentablemente carece de rigor al no colocar las respectivas fuentes en lo mucho que dice sobre el importante tema de la filosofía tawantinsuyana.

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