domingo, 6 de septiembre de 2026

RESEÑA: Loayza Herrera, Daniel Iván (2026). Mariátegui. Socialismo, Utopía y Revolución. Lima: GITISAC, 140 págs.

 


Augusto Lostaunau Moscol, Lic. en Historia por la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV), Mag. en Administración por la Universidad Autónoma de Ica (UAI), docente en la UNMSM.

Este 2026 se cumple el Centenario de la revista AMAUTA, el gran proyecto intelectual, académico, artístico y político ideado, elaborado y dirigido por José Carlos Mariátegui y que permitió a un gran número de intelectuales y artistas peruanos –y de otros rincones del mundo- la posibilidad de publicar sus artículos, investigaciones, ensayos y avances bibliográficos llegando a un número indeterminado de lectores. Porque AMAUTA es la primera revista peruana que se leyó de manera orgánica y consciente fuera del país y del continente. Sostenía José María Arguedas que, con AMAUTA, muchos artistas, escritores e investigadores sociales de las diversas regiones del Perú, fueron conocidos y sus aportes tomados en cuenta a nivel mundial. Jorge Basadre, Luis E. Valcárcel, José Sabogal, etc. son una muestra de ese gran aporte. En ese marco celebratorio es que el historiador peruano Daniel Iván Loayza Herrera ha publicado su libro Mariátegui. Socialismo, Utopía y Revolución (Lima-Perú. 2026).

El libro está conformado por cuatro ensayos que, a pesar de guardar entre sí un importante hilo conductor, cada uno se puede leer de manera individual y sin respetar el orden establecido por el autor. Nos hace recordar la presentación de Buscando un Inca de Alberto Flores-Galindo. Pese a ello, la lectura la hemos realizado como lo indica el índice: Utopía andina y mito revolucionario: de Sorel y Valcárcel a Mariátegui; Mariátegui y Gramsci: cultura, hegemonía y revolución en la periferia; Mariátegui y Sabogal: indigenismo visual, revolucionaria y hegemonía en Amauta; y, Amauta como escenario de una divergencia temprana: Haya y Mariátegui en 1926-1927. Como se dijo, cada ensayo se puede leer por separado e –incluso- en cada uno de ellos se puede fragmentar la lectura a las necesidades del propio lector; pero, finalmente, todos están unidos por la necesidad de entender y comprender la obra política de Mariátegui, quien, pese a asumir una posición marxista-leninista, jamás se detuvo en algún “ismo” y su trabajo consistió en crear –de manera “heroica”– una interpretación del Perú desde el materialismo histórico y dialéctico. Porque, como señala el historiador peruano Luis Alberto Rivera Herrera: “La neutralidad es un espejismo. No existe historia sin ideología, lo que existe es historia honesta o historia complaciente. El compromiso del historiador es, entonces, no con el poder, sino con la verdad de los pueblos, con su memoria y con su futuro” (2026ª:3).

Porque el propio José Carlos Mariátegui, en la advertencia inicial de sus 7 Ensayos… indicó que “Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones. Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano” (1977:12). Mejor dicho: “La neutralidad es un espejismo”.

En el primer ensayo (Utopía andina y mito revolucionario: de Sorel y Valcárcel a Mariátegui), Loayza Herrera plantea la necesidad de diferenciar el mito y la utopía. Sostiene que “El mito, en sentido político moderno, no remite a narraciones arcaicas ni a ficciones irracionales” (2026:13); mientras que “La utopía, por su parte, puede entenderse como proyección imaginaria de un orden alternativo que desborda el presente” (2026:13). De esta manera “La utopía puede adoptar forma literaria o teórica; el mito funciona como condensación simbólica que activa energías históricas” (2026:14). Esto lo comprendió Mariátegui en sus lecturas de Sorel y Valcárcel. Cada uno de ellos aportó en su concepción marxista-leninista. Esto significó que Mariátegui entienda que “El socialismo no podía presentarse simplemente como resultado del desarrollo industrial, pues la estructura económica estaba marcada por un predominio agrario y la centralidad del mundo indígena” (2026:14). Porque, como todo marxista-leninista, José Carlos Mariátegui siempre encaminó su obra hacia la revolución. Muchos han tratado de tildar a Mariátegui de “soreliano” e –incluso– de antimarxista, pero olvidan que, para inicios del siglo XX, el marxismo se encontraba en pleno debate sobre su rol como ciencia universal o método interpretativo. En un artículo, Daniel Iván Loayza Herrera anotó:

Mariátegui, aunque heterodoxo, sí tomó posición en este debate. Rechazó el positivismo como ideología del liberalismo oligárquico y defendió el marxismo como método científico no positivista. Para él, el marxismo no era determinismo mecánico ni evolución naturalista, pero tampoco una simple sensibilidad crítica. Era una teoría estructural de la sociedad basada en la lucha de clases y el análisis de las relaciones de producción. Su célebre afirmación de que el socialismo peruano no sería “calco ni copia, sino creación heroica” no implicaba relativizar el marxismo, sino aplicarlo rigurosamente a una realidad distinta (2026b:3).

El marxismo no es una receta que se puede aplicar indistintamente en cualquier sociedad sin tener en cuenta sus características particulares en un momento determinado de su desarrollo histórico. Loayza Herrera acierta cuando reconoce en Mariátegui un marxista creador y flexible, pero que se mantiene firme en sus posiciones sin caer en la repetición y la cita efímera. Por ello:

El marxismo no formula leyes universales al modo de la física. Opera dialécticamente, atendiendo a procesos históricos concretos. En este punto, Mariátegui se distancia tanto del positivismo como de ciertos marxismos dogmáticos que pretendían convertir la teoría en un esquema rígido. Además, su lectura está influida por pensadores como Georges Sorel, quien valoraba el papel del mito en la movilización política. Para Mariátegui, el socialismo no es solo un resultado estructural: también es una fe, una voluntad colectiva. La ciencia no excluye la pasión; la ilumina (2026d:3).

El segundo ensayo (Mariátegui y Gramsci: cultura, hegemonía y revolución en la periferia) busca demostrar que “El paralelismo entre José Carlos Mariátegui y Antonio Gramsci no constituye una coincidencia biográfica ni una afinidad temática secundaria: Se trata de una convergencia estructural en la forma de concebir el problema del poder en sociedades complejas y periféricas” (2026:44). Esta afirmación parte del análisis e interpretación que realizaron nuestros dos autores tanto de la obra de Marx como de los hechos mismos de la Revolución Bolchevique. La teoría primigenia que la revolución proletaria se daría en el espacio capitalista más avanzado –con una gran masa de proletarios– fue “superada” en Rusia, una sociedad semifeudal con pocos espacios de capitalismo. Esto permitió determinar la existencia de otros sujetos históricos con la capacidad de lograr la sociedad socialista. Para los ortodoxos, se tenía que cumplir el desarrollo social explicado en El Manifiesto, pero una mirada heterodoxa determinó que se podía realizar un salto dialéctico sin cumplir con la historia lineal. Por ello, sostiene Daniel Loayza Herrera que:

Mariátegui es más que un discípulo; es un continuador creativo. No abandona el núcleo del marxismo —la centralidad de la estructura económica, la lucha de clases, la necesidad de organización—, pero rechaza su reducción a sistema cerrado. Integra elementos culturales, indígenas y míticos sin renunciar a la pretensión científica del análisis. La teoría no es un fin en sí misma; es instrumento crítico (2026c:2).

Esta forma de percibir el marxismo hace que la obra de José Carlos Mariátegui goce de mucha creatividad revolucionaria. Es decir, no fue un creativo que escribía para satisfacer los egos personales o de sus amigos y colaboradores. Lo que buscó, al momento de crear, es poner esas interpretaciones a la causa de la revolución socialista. Por ello, los escritos de Mariátegui influenciaron en las nuevas generaciones de científicos sociales que estaban en proceso de formación académica e intelectual en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A manera de ejemplo tomaremos las reflexiones del historiador peruano Marco Antonio Flores Calderón cuando indica que:

El caudillismo, siguiendo a Basadre (1927), hace prevalecer sus intereses y los de un pequeño grupo social, por ello es carente de figuras políticas a largo plazo. El sentido democrático del caudillismo, limita la posibilidad de ascenso político y social, prevaleciendo la mentalidad colonial de marginación a los estratos inferiores y a las clases populares. Esta situación es el lado funesto del caudillismo (…) El análisis de Basadre para el caudillismo de mediados del siglo XIX, promueve una lectura de la política contemporánea y el papel de sus representantes (2026:3).

Mariátegui y Sabogal: indigenismo visual, revolucionaria y hegemonía en Amauta, es el título del tercer ensayo. En él, Daniel Loayza Herrera sostiene que: “La elección sistemática de la obra de Sabogal –y, con ella, de una estética indigenista moderna– indica que el proyecto de Amauta no era restauracionista ni arqueológico. No se trataba de volver al pasado ni de reinstalar formas premodernas como emblema de autenticidad. Se trataba de otra cosa: de inscribir lo andino en la modernidad” (2026:77). La presencia de la obra de José Sabogal le permite a Mariátegui presentar una revista Amauta (y un proyecto socialista) para una sociedad peruana propia del siglo XX. Mariátegui no utilizó ningún tipo de discurso chauvinista para atraer a la causa revolucionaria, a quienes soñaban con un pasado imaginado. Aquí la contradicción se produce cuando, en su obra escrita, Mariátegui sostiene (como todos los intelectuales de su época) que el Tawantinsuyu fue un “Imperio Socialista” o una “Sociedad Comunista”. Pero, el proyecto socialista del siglo XX, debe –necesariamente– prescindir de esa imagen del pasado e intentar construir una imagen del futuro. La Utopía Andina no es la vuelta al pasado prehispánico; sino la construcción de una sociedad post capitalista con fuertes raíces en lo propio y originario, sin dejar de ser universal. Por ello “La presencia de Sabogal en Amauta no debe entenderse, por tanto, como simple afinidad personal o coincidencia circunstancial. Funciona como prueba visual que el proyecto mariateguiano no era antimoderno” (2026:80). Porque:

José Carlos Mariátegui comprendió que el marxismo y el psicoanálisis podían dialogar y producir resultados esclarecedores para los revolucionarios de su tiempo. Lo que es la ideología para la sociedad es el inconsciente para el individuo. Ambos impiden que la realidad se aprecie de manera diáfana, clara y precisa. El primero oculta los mecanismos de explotación; el segundo, las fuerzas irracionales que nos gobiernan. Frente a ello, el marxismo aporta una visión científica que permite develar los mecanismos más profundos de la explotación histórica del trabajo, mientras que el psicoanálisis permite apreciar el papel de lo irracional en la conducta humana (2026ª:2).

Mariátegui jamás tuvo miedo en aceptar que el pensamiento marxista es –y debe seguir siendo– un pensamiento en construcción dialéctica. Y, este pensamiento en constante construcción debe tener como base el clasismo de la clase obrera, pero puede nutrirse de ideas creadas por los sectores intelectuales de la pequeña burguesía al servicio del capital.

Y, el cuarto ensayo es Amauta como escenario de una divergencia temprana: Haya y Mariátegui en 1926-1927, donde Daniel Loayza plantea que: “La divergencia entre Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui fue, ante todo, una disputa por el sujeto histórico de la revolución latinoamericana. Esto es un tema de clase: ¿qué clase la va a conducir y bajo qué proyecto, el socialista o el nacionalista-antimperialista?” (2026:106). Es en las páginas de Amauta donde podemos encontrar esa polémica que marcará la historia política del Perú durante los últimos cien años. Rivera Herrera sostiene que:

El historiador de ser histórico no es neutral. Reconoce que escribe desde una posición de clase y que su trabajo tiene consecuencias. No concibe la historia como un relato de grandes nombres, sino como el análisis de procesos colectivos, protagonizados por pueblos, trabajadores, comunidades que luchan y se transforman en sujetos de su propio destino (…) Este historiador no se conforma con narrar lo aparente. Busca causas profundas, conexiones, estructuras. Y, sobre todo, escribe para contribuir a formar una conciencia social crítica, capaz de ir del reconocimiento de la situación (“conciencia en sí”) a la decisión de transformarla (“conciencia para sí”) (2026b:2).

La lectura de Mariátegui. Socialismo, utopía y revolución, nos permite ir reconociendo los aportes que José Carlos Mariátegui realizó en su estudio comprometido de nuestra realidad. Es un gran acierto del historiador peruano Daniel Iván Loayza Herrera haberlo publicado en el año del Centenario de la revista AMAUTA.

Referencia principal:

Loayza Herrera, Daniel Iván (2026). Mariátegui. Socialismo, Utopía y Revolución. GITISAC. Lima.

Referencias Secundarias:

Flores Calderón, Marco Antonio (2026). Caudillaje y Acción Directa: Basadre y una explicación de la política peruana a mediados del siglo XIX. En: QUISPE 43. Lima.

Loayza Herrera, Daniel Iván (2026ª). Mariátegui: Mito, Utopía y Revolución. En: QUISPE 59. Lima.

Loayza Herrera, Daniel Iván (2026b). Haya y Mariátegui: La divergencia epistemológica del marxismo en el Perú. En: QUISPE 51. Lima.

Loayza Herrera, Daniel Iván (2026c). Lenin y Mariátegui frente a la Segunda Internacional. En: QUISPE 49.

Loayza Herrera, Daniel Iván (2026d). Mariátegui contra el positivismo: ¿cómo puede el marxismo ser ciencia sin ser “cientificismo”? En: QUISPE 47. Lima.

Lostaunau Moscol, Augusto (2026). Comentario Personal a Mariátegui, Socialismo, Utopía y Revolución de Daniel Iván Loayza Herrera. En: Diario UNO. Lima, domingo 19 de abril de 2026.

Mariátegui, José Carlos (1977). 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana [1928]. Biblioteca Amauta. Lima.

Rivera Herrera, Luis Alberto (2026ª). El Historiador de Ser Histórico y la formación de una Conciencia Social crítica (Segunda parte). En: QUISPE 42. Lima.

Rivera Herrera, Luis Alberto (2026b). El Historiador de Ser Histórico y la formación de una Conciencia Social crítica (Primera parte). En: QUISPE 41. Lima.

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